Acerca de

Margarita Azurdia Arimany nació en la ciudad de Antigua Guatemala en 1931. Sus padres fueron el guatemalteco Augusto Azurdia y Concha Arimany, nacida en Cataluña, España. Con trece años, después de la muerte de su padre, fue enviada junto a sus dos hermanas, a Toronto, Canadá, para estudiar como internada en la Loretto College School. En 1948 retornó a Guatemala y, con diecisiete años, se casó con el empresario Carlos Fanjul. A finales de la década de 1950, se traslada temporalmente a Palo Alto, California, donde comenzó a incursionar en las artes plásticas. Sin ninguna formación previa se matriculó en una serie de talleres libres de arte y soldadura que ofrecía el San Francisco Art Institute. Sus continuas visitas a los museos y espacios artísticos de la zona la acercaron a las nuevas estéticas de la pintura y comenzó a incursionar en la pintura informalista y el expresionismo abstracto norteamericano.

De vuelta en Guatemala, realiza su primera exposición personal. Inaugurada el 15 de enero de 1963 en el recibidor del edificio Cruz Azul, presentó un grupo de pinturas al óleo con trazos expresionistas y paleta reducida. Esta exposición se presentó de manera simultánea a una segunda exhibición en la Escuela Nacional de Artes Plásticas, donde expuso su serie Óvalos, integrada por pinturas con formas de óvalos concéntricos con colores en contraste. En 1964, inició su serie conocida posteriormente como Pinturas geométricas o, simplemente, Geométricas. Con diseños que recurren a rombos, líneas y colores planos de grandes contrastes que provocan cierta dinámica óptica. Estas pinturas contribuyeron a marcar un momento de inflexión en la modernidad guatemalteca y de sofisticación en el panorama artístico nacional. En 1968 expuso sus Geométricas en la Galería DS y la Galería Cisneros en Nueva York. Entre estos años, Azurdia realizó una serie de esculturas minimalistas que expuso en la galería Vittorio, de las que no quedó más evidencia que una serie de fotografías en las que ella aparece junto a las obras.

En 1969, Margarita Azurdia es invitada a participar en la X Bienal de Sao Paulo, donde obtuvo una mención de honor por su serie Asta 104. Esta serie estaba compuesta por cinco pinturas escultóricas de grandes dimensiones que identificó con los títulos Átomo, Tótem, Tríptico, Lotus y Personna. Un año después, Azurdia fue invitada a participar en el tercer Salón Independiente de México (1970), llevado a cabo en las salas del Museo Universitario de Ciencia y Arte (MUCA). El Salón Independiente venía funcionando desde 1968 como una reacción adversa a la llamada Exposición Solar, el evento cultural gestado en el marco de los XIX Juegos Olímpicos de México. Contra el discurso oficialista, treinta y cinco artistas declinaron la invitación y propusieron realizar una primera exposición independiente. El tercer salón, al que fue invitada Azurdia, determinaba como regla general que los artistas participantes se sirvieran de cartón y otros materiales para realizar ambientes efímeros. Sin responder a la categoría de lo efímero, tres de las cinco piezas de Asta 104 (Lotus, Tríptico y Personna) fueron aceptadas para ser parte de la muestra y probablemente fueron destruidas junto al resto de obras que integraban la exposición y según el reglamento del proyecto expositivo.

Aun siendo 1970, Margarita Azurdia participa en la II Bienal de Arte Coltejer (Medellín, Colombia) donde presenta su proyecto Por favor quitarse los zapatos, una instalación con elementos performáticos e interactivos. Los espectadores eran invitados a descalzarse antes de entrar al recinto. Guiados por una tenue luz, caminaban sobre una capa de arena fina y húmeda que cubría el piso interior. Dos años después, Azurdia participó en la III Bienal de Arte Coltejer (1972) con una serie de esculturas de mármol. Compuestas por elementos geométricos esculpidos individualmente y montados sobre pivotes metálicos, estas excepcionales piezas giraban para subvertir las premisas clásicas de representación del medio escultórico.

Entre 1971 y 1974, la artista realiza su serie de esculturas conocida como Homenaje a Guatemala. Originalmente, la colección estaba conformada por cincuenta tallas directas en madera que encargó a ebanistas basados en Antigua Guatemala. Estos interpretaban los dibujos e instrucciones que la artista les proporcionaba, convirtiéndolos en figuras tridimensionales zoomorfas y otras representaciones que tomaban como referencias personajes y elementos de la cultura local. De vuelta en el estudio, Azurdia intervenía las tallas con diseños y patrones que recuerdan en gran medida a sus primeras obras geométricas. También eran decoradas con objetos artesanales, plumas, tocados, pieles de animales o máscaras. El resultado es una serie de montajes que evoca los altares de los pueblos del altiplano guatemalteco, donde se hace evidente el sincretismo cultural y religioso, como producto de la compleja historia de Guatemala.

Cuando Azurdia dio por concluida la serie Homenaje a Guatemala, tomó la decisión de establecerse en París. En las inmediaciones del distrito de la Bastilla encontró un apartamento que, por sus dimensiones reducidas, la obligó a dejar los grandes formatos y explorar el dibujo y la escritura de poemas. También comenzó a asistir a clases de danza en centros experimentales como La Forgue, de la mano de Nora Parissy. También con grupos que seguían tendencias posmodernas provenientes de Estados Unidos y Japón que le aportaron nuevas posibilidades de mirar y comprender el movimiento del cuerpo. En aquel epicentro de ideas, Azurdia comenzó a asistir a círculos de artistas mujeres que la animaron a trazar un antes y un después en sus propias concepciones femeninas y artísticas. Además de verse absorbida por el dibujo y la danza, se concentró en la escritura y la ilustración de varios libros: El encuentro de Una Soledad —presentado en el marco de la exposición colectiva organizada por la galería Au Lieu d'images— y 27 apuntes de Margarita Rita Rica Dinamita en 1979; Des flashbacks de la vie de Margarita par elle même de 1980, Rencontres par Margarita Azurdia y 26 anotaciones de Margarita Azurdia de 1981.

Mil novecientos ochenta y dos es recordado como uno de los años más cruentos en la vida de los guatemaltecos. Ese mismo año, Margarita Azurdia regresa a Guatemala después de vivir ocho años en París. Inmediatamente entra en contacto con la pequeña escena de danza contemporánea que comenzaba a formarse en estudios de carácter privado donde se impartían cursos de danza jazz e improvisación. En uno de ellos conoció a los artistas Benjamín Herrarte y Fernando Iturbide que compartían sus inquietudes en la exploración del movimiento. Con ellos formó el colectivo Laboratorio, más adelante identificado como Laboratorio de Creatividad, un proyecto multifacético que comenzó a formular ideas en torno al movimiento corporal y a presentarse en galerías de arte, centros culturales, hoteles, teatros o cafés, pero también en portales, parques, barrios y calles de la ciudad. Como un manifiesto, sus integrantes expresaban: “Nos hemos unido y formado un grupo llamado Laboratorio. Trabajamos de forma experimental y por eso lo llamamos así. Fue creado porque sentimos la necesidad de lograr una comunicación mayor entre público y artista a través de diferentes formas de expresión. Al presente realizamos un trabajo de investigación sobre los orígenes del ritual o la danza sagrada bajo dos aspectos: el individual y social. En su manifestación individual trabajamos el diálogo con el yo interior, con su dios o dios, estado meditativo, interpretación poética y visualización. Esto lo hacemos en el taller. En su manifestación social trabajamos saliendo directamente a la calle o a lugares públicos. Trabajo de contacto con el grupo que luego lo llevamos al público para estudiar el resultando de nuestras reacciones como las del público. Para nosotros la belleza del movimiento proviene más de su autenticidad, en reflejar procesos internos que de ajustarnos a formas previamente establecidas. Por medio del Laboratorio queremos llegar a establecer contacto con la esencia universal del individuo y así lograr un lenguaje común”.

El grupo fue muy activo entre 1983 y 1985. Su contribución al arte performativo y al arte corporal en Guatemala fue introducir formas de expresión que se llevaban a cabo en espacios públicos y subvertían la premisa modernista del arte como vía para representar formalmente distintos eventos o situaciones con significados concretos. Fue uno de los primeros atisbos de que era posible indagar en formas de arte con características efímeras, rituales, lúdicas o colectivas. Con las incursiones de Margarita Azurdia y el Laboratorio de Creatividad, también surgían indicios de que era posible una posmodernidad pensada y experimentada desde un país periférico como Guatemala.

En enero de 1984 Azurdia realizó uno de sus primeros proyectos performáticos dedicados a la Diosa Madre y el último que realizaría en compañía de los integrantes del Laboratorio de Creatividad. Abiertamente convocaba a las personas a manifestarse en contra de las autoridades de la Municipalidad y su proyecto de remodelación de la Plaza Obelisco, en la Ciudad de Guatemala. Este incluía el retiro de los macetones con rosales que tradicionalmente se encontraban en el parque y su sustitución por baldosas de cemento. La experiencia incrementó en Margarita Azurdia su interés por continuar desarrollando trabajos en torno a las ideas del cuidado y la sanación, vinculadas con la naturaleza y el medioambiente. Como parte de esa transición, Margarita invitó a un grupo de mujeres a participar en una exposición multidisciplinar en el Museo Ixchel del Traje Indígena, en Ciudad de Guatemala, la cual fue inaugurada el 7 de julio de 1983. La exposición colectiva incluía obras de las artistas Jamie Bischof, Merche Jiménez, Imogen Sieveking y Milena Prem. Margarita y la bailarina Lucrecia Herrera realizarían una danza que motivó las críticas por su “falta de rigor”.

Después de desintegrarse el Laboratorio de Creatividad, Margarita continuó profundizando en el movimiento corporal, pero desde el territorio de la historia de las mujeres, particularmente las deidades femeninas y sus rituales antiguos. Desde una mirada feminista, desembocó en el reconocimiento del cuerpo femenino como un centro emisor de espiritualidad. Impartió talleres en su casa estudio y su casa de campo. Su interés en la espiritualidad del arte y su devoción a la Diosa Madre siempre estuvo presente, a través de sus representaciones de fertilidad y las energías femeninas relacionadas con la tierra, la naturaleza y la vida en general.

Una de sus últimas obras, titulada Proceso de transformación. Tormento – encuentro – integración (1992) resume el sentido de sus tránsitos y búsquedas personales. En esta última etapa adoptó el nombre Anastasia, en homenaje a la esclava Anastasia, figura emblemática en la historia de Brasil que, en el siglo XVIII, fue producto de la violación de su madre, de los azotes y los insultos de su amo, a los que respondía: “yo no soy esclava, soy libre”. Realizó también una serie de collages que referían a autoretratos y elementos de gran carga simbólica. En estos años, Azurdia fue una asistente asidua del Omega Institute de Nueva York. Fundado en 1977 por el erudito oriental Pir Vilayat Inayat Khan, el médico holístico Stephan Rechtschaffen y la educadora Elizabeth Lesser, surgió en el epicentro de las contra culturas norteamericanas y las filosofías orientales como base de una nueva espiritualidad global.

Todo este aprendizaje daría forma a su más importante ritual, la Ceremonia de amor a la diosa Gaia, en el marco de una exposición titulada Indagaciones, en la galería Sol del Río, en 1994. Esta consistía en una caminata de un grupo de mujeres de distintas edades, a través de los jardines y las salas de la galería, tocando instrumentos que emitían sonidos leves y acompasados. El grupo terminó su tránsito en el espacio designado a la exposición de la artista, con sus paredes cubiertas de papel impreso con motivos de rosas y una serie de artículos de noticias sobre agresiones a la naturaleza. Esta ceremonia y la serie de pinturas y dibujos titulada Recuerdos del planeta tierra (ca.1990), daban cuenta del gran respeto que la artista tenía hacia la naturaleza y los animales. Con una energía asombrosa, Azurdia siguió participando en bienales y exposiciones. A mediados de la década de 1990 comenzó a planificar la publicación de un nuevo libro, para el cual pidió a la artista Irene Torrebiarte realizar una serie de registros fotográficos mientras ella danzaba o llevaba a cabo rituales. También realizó dos altares dedicados a la Diosa Madre. En el interior de roperos antiguos, estos reunían una serie de objetos e imágenes seleccionados por la artista que simbolizaban su devoción y recorrido por el arte y la espiritualidad.
Margarita Azurdia falleció el 1 de julio de 1998.